-¡Déjame morir con dignidad!
-¡No voy a permitir que mueras!- Las lágrimas se derramaban calientes por sus mejillas. No quería llorar; el punto de toda esta discusión era mostrarse fuerte, por su bien.
-No es tu decisión,- dijo mientras dirigía su mirada hacia cualquier lugar de aquella fría habitación. Cualquier lugar excepto sus ojos.
-No, no lo es,- había dolor en su voz. -¿Pero qué se supone que haga? ¿Sentarme aquí por los próximos cinco meses y verte morir lentamente porque te niegas a aceptar el tratamiento? ¡¿Cómo puedes ser tan egoísta?!
-¡Egoísta! ¿Te das cuenta de lo que dices? Tú quieres que me someta a un tratamiento con menos del quince por ciento de probabilidades de que funcione; y que probablemente alargue mi vida al costo de un dolor insoportable, ¿y me llamas egoísta?
-Quince por ciento es más que nada. ¿No estás dispuesto a tomar ese riesgo? ¿A intentar curarte? Si no lo haces por ti, hazlo por nosotros,- las lágrimas corrían incontrolables. Su voz se oía ahogada por los esfuerzos que hacía para hablar por encima del nudo en su garganta.
-¡¿Crees que ésto es fácil?! ¡¿Piensas que quiero morir?!- se sentía indignado ante las palabras del otro, pero sabía que su posición era frágil.
-No sé qué pensar,- se acercó a la cama y tomó su mano-. ¿Acaso no me amas? ¿No piensas que vale la pena luchar por lo que sentimos?
-Yo... no...- sus ojos finalmente fueron obligados a encontrarse con los del otro. Las lágrimas que había intentado retener comenzaron a huir en masa al encontrarse con la tristeza inconmensurable de aquellos ojos verdes que alguna vez lo atraparon y lo encerraron en un conjuro del que nunca pudo ni quiso escapar. -Te amo... más que nada en este mundo. Te amo.
-Entonces hazlo por mí, por lo que sientes por mí. Toma el tratamiento, por favor. No puedo verte morir, no quiero.
-Acércate,- sus manos acariciaron sus mejillas, encerrando su rostro con una tibia caricia y animándolo a arrimarse. Cuando la distancia se hubo cerrado, unió los labios de ambos en el beso más simple pero más profundo que jamás habían compartido. -Necesito que me recuerdes con dignidad...
-No hables así, por favor...
-Escúchame. Quiero compartir contigo los últimos meses. Iremos al lugar donde nos conocimos por primera vez, ¿recuerdas? Quiero ver ese árbol una vez más. Grabaremos nuestras iniciales allí como una aburrida pareja adolescente. Y cuando ya no esté contigo podrás ir ahí y puedes desahogarte todo lo que quieras como solías hacer. Él puede cuidarte cuando hagas que las nubes lloren. Te amo, nunca dudes eso. Te amo tanto que quiero que me recuerdes como quienes hemos sido los últimos diez años. No quiero irme y dejar atrás la imagen de mi cuerpo pálido y atado a mil cables en una cama. Esa no es la persona de la que te enamoraste.
-Yo...
-Nada, tú nada. Solo necesito que digas que me amas y que dejes de llorar, que aún no me he ido. Te prometo que dedicaré cada minuto que me queda a ti. No quiero vivir la vida loca, no quiero hacer cosas que no he podido hacer, no quiero ver cosas que no he podido ver. La única vida que ha valido la pena vivir ha sido la que pasé junto a ti. Lo único que quiero hacer es el amor contigo mil veces más, porque aún no he podido demostrarte cuánto te amo. Lo único que necesito ver es tu sonrisa. Si sonríes para mí sabré que todo está bien porque aún me amas. Tu amor es lo único que vale la pena llevarme de éste mundo...
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