jueves, 21 de enero de 2016

Sueños Rotos: El árbol

"¿Por qué lloras?"

"Porque me lastimaron."

"¿Y por qué lloras aquí?"

"Porque nadie puede encontrarme, es mi lugar secreto."

"Yo te encontré."

"¿Vienes a lastimarme también?"

"No, vine porque quiero ayudarte a dejar de llorar."

"¿Por qué tendría que hacerlo? A nadie le importa de todos modos."

"A mí me importa. Además, estás haciendo que el cielo llore también."

"Eso no tiene sentido."

"Quizás no lo tiene para ti porque éste árbol tan grande te protege de las lágrimas de las nubes."

"Él me protege porque se siente solo, igual que yo."

"Ahora eres tú el que dice cosas sin sentido."

"No, tú dijiste que el cielo estaba llorando. Pero él tiene todas esas nubes, el sol, la luna, las estrellas. Todos lo apoyan y lo ayudan a ser más bonito, ¿por qué lloraría?"

"Entiendo. ¿Por eso se siente solo tu árbol? ¿Porque está solo en medio de este campo?"

"Si."

"¿Puedo acompañarlos también?"

"No si vienes a lastimarnos."

"¿Por qué querría lastimarlos?"

"No lo sé."

"Yo tampoco."

"Puedes acompañarnos. Pero no quiero saber quién eres."

"¿Por qué no?"

"Porque si te conozco, vas a lastimarme."

"¿Es así como te lastimaron?"

"Si. Cuando hablo con los que conozco, se dan cuenta de que soy diferente y no les gusta, no les gusto."

"¿No tienes miedo de que tu árbol te conozca si lloras a su lado?"

"Él ya me conoce. Somos amigos desde antes de que me lastimaran por primera vez. Es el único en quien puedo confiar."

"Que árbol tan noble."

"Lo es. Siempre escucha con paciencia todo lo que le cuento y nunca se ha reído de mí. Solo me pide que lo acompañe y escuche lo que susurra también."

"Ambos tuvieron mucha suerte de encontrarse. Aunque son muy diferentes, se puede ver que se llevan muy bien."

"Así debería ser siempre."

"Si, estoy de acuerdo."

"¿Vas a sentarte con nosotros?"

"Creo que debo irme. Pero me alegra que dejaras de llorar y me siento afortunado de haberlos conocido."

"Aún no me conoces."

"¿A qué te refieres?"

"¿No es obvio? No te he dado mi nombre."

"Creí que temías que fuera a lastimarte."

"No puedes lastimarme si yo no te conozco a ti."

"Entiendo."

"Además, si te vas sin mi nombre puedes sentirte solo como yo antes de conocer a mi árbol."

"No me gustaría eso."

"A nadie le gusta sentirse solo, por eso estaba llorando… Mi nombre es Liam."

"Es un placer conocerte, Liam. Y a tu árbol también."

"Gracias."

"Debo irme antes de que comience a oscurecer. Pero me gustaría volver a verlos."

"¿Cómo podemos volver a encontrarnos si yo no te conozco?"

"Puedo darte mi nombre…"

"No, si te conozco vas a lastimarme."

"En ese caso vendré todos los días a acompañar a tu árbol y esperaremos juntos por ti."

"¿Cómo sabré que no eres otra persona?"

"Porque cuando te vea diré: ‘Liam, no llores o harás que las nubes lloren también.’"

"Me parece bien. Pero tenemos que venir todos los días, o el árbol se sentirá solo. Nadie merece sentirse solo."

"Es un trato."

lunes, 4 de enero de 2016

Diario de un embaucador: (Parte VI)

"Soy yo. Quiero a mi hermano de vuelta en este instante. Quita tus asquerosas manos de él, maldito cabrón, o juro que las pagarás." 

Era Nico.

Sentí la sangre comenzar a hervir con la misma rabia que había sentido el día anterior cuando David había aparecido a la puerta de mi departamento con el ojo morado. Me había sentido impotente, furioso y confundido, todo al mismo tiempo. Impotente por no cuidar de mi propiedad, furioso porque alguien se había atrevido a tocar lo que es mío y confundido porque a mi no me importaba nadie más que yo mismo, ¿qué demonios estaba haciendo David conmigo?

Había visto al idiota de su hermano estacionado justo frente al edificio y había estado a punto de dejarle algo más que solo un ojo negro. David me había detenido en aquel momento, me había sostenido la mirada con esos grandes ojos negros de cachorro mojado y no pude obligarme a hacerlo. Pero no volvería a suceder.

Me apresuré a mi habitación y me vestí con lo primero que encontré, Iba de un lado al otro, buscando un pantalón y una camiseta mientras David me miraba consternado. Habría y cerraba la boca, como intentando decir algo, pero sin saber bien qué. Sabía que quería detenerme, pero era demasiado tarde; aún se encontraba desnudo y yo ya estaba saliendo. En realidad, si no hubiese estado poseído por aquella rabia ciega, lo habría tomado allí mismo en el sillón. Se veía tan tentador, con esa mirada indefensa y su cuerpo totalmente destapado.

Tomé las escaleras y bajé saltando dos escalones a la vez. Si hubiese tomado el ascensor, habría terminado golpeando las paredes. La rabia me llenaba de adrenalina, aunque una parte de mi mente se preguntaba si no estaría reaccionando exageradamente ante la situación. Después de todo solo era un ojo morado. Pero era un ojo morado en mi propiedad y nadie, absolutamente nadie, tocaba lo que es mío.

Llegué a la planta baja y vi al cabrón esperando fuera, caminaba de un lado al otro, nervioso como un preso esperando la silla. Sonreí, tenía buenas razones para estar ansioso, cuando terminara con él, no tendría fuerzas ni siquiera para ponerse de pie.

La puerta de vidrio del edificio se encontraba abierta de par en par, caminé decidido hasta donde él se encontraba y lo empujé con ambas manos poniendo toda mi furia en ello, pero solo logré que tambaleara unos pasos. Tenía mi mismo tamaño y yo sabía de hecho que se trabajaba, lo había visto en más de una ocasión haciéndolo en el mismo gimnasio que yo solía atender, probablemente para espiarme, buscando alguna prueba para ratonearme con Franco. Aún después de la promesa... El pensamiento me enfureció aún más.

"¿Cuál es tu maldito problema?" le pregunté mientras volvía a empujarlo. "¿Lo golpeas y ahora vienes a decirme que le quite las manos de encima? ¿Quién te crees que eres?"

"¿De qué demo...?"

No le permití terminar lo que fuera que había estado a punto de decir. Le lancé un golpe directamente al rostro, esperando dejarle el ojo peor que el de David. Fallé por unos centímetros, pude sentir mi puño conectando con su mejilla, dejándole un corte considerable. Volví a lanzar otro golpe antes de que pudiera reaccionar y ponerse en guardia, ésta vez al estómago, dejándolo automáticamente sin aire, doblado sobre si mismo.

"Das asco, ¿eres lo suficiente hombre para golpear a tu hermano menor, pero no lo suficiente para defenderte cuando te golpean a ti?" Escupí a un lado mientras esperaba que se enderezara.

"Yo... yo no lo golpeé." Tenía el rostro contorsionado, la mejilla le sangraba y continuaba abrazándose el estómago, me sorprendía que pudiera hablar, era más resistente de lo que parecía. Con el golpe que le había dado, no debería haber tenido aire ni para respirar.

"¿Qué dices? No te escucho sobre el sonido de tus pantalones mojándose," dije con una sonrisa ladeada. "Eres un maldito cobarde."

Estuve a punto de partirle la cara una vez más, moría de ganar de dejarlo tan magullado que ni siquiera David sería capaz de reconocerlo. Pero en ese momento sentí unos brazos fuertes y familiares enredándose bajo mis brazos, impidiendo que pudiera realizar cualquier otro movimiento.

"¿Franco?" Dije sorprendido por más de una razón. "¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¡Suéltame! ¡¿Qué haces?!"

"Alex, ¡cálmate! ¡Escucha! ¡Nico no golpeó a nadie!" Hablaba con dificultad, luchando contra mis forcejeos.

"¡Este idiota te lavó la cabeza! ¡Suéltame, maldita sea! ¡Voy a hacerlo pedazos!"

Nico ya se estaba recuperando, me miraba con odio mientras se limpiaba la sangre con el dorso de la mano. Le devolví la mirada con la misma fiereza.

"Eres un imbécil," escupió. "Yo jamás golpearía a mi hermano, no soy un monstruo psicópata como tú. Ni siquiera sé de qué golpe estás hablando."

Sentía mi rostro caliente mientras otra ola de rabia me inundaba y me soltaba de los brazos de Franco de un tirón. Avancé hacia Nico dispuesto a reducirlo a un pedazo de gelatina. No sabía qué me enfurecía más, que negara lo que había hecho tan sueltamente o que me irritara tanto que lo hiciera.

"¡Alex!" La voz de David sonó a mi espalda y me detuve instantáneamente, como si me hubieran paralizado.

"¿Qué haces aquí? Vuelve adentro," dije con la mandíbula apretada y el tono más imperioso que pude lograr.

"Alex, escucha, no fue él."

"¿Estás jugando conmigo cierto?" Dije, ésta vez dándome la vuelta para enfrentarlo. Tenía los ojos muy abiertos y podía ver el miedo reflejado en ellos. "Ayer me dijiste..."

"No te dije nada, tú sacaste tus conclusiones." Me quedé helado mientras sentía toda la rabia escapar de mi cuerpo suplantada por confusión.

"Es lo que intentamos decirte, idiota." Nico aún me miraba con el ceño fruncido, la sangre secándose en su rostro.

"Entonces, ¿quién carajos te hizo eso? ¿Por qué no me lo dijiste enseguida?" Me sentía confuso e irritado.

"Yo..."

"Deberías habérmelo dicho. Habríamos podido atraparlo." Nico miraba fijamente a su hermano menor. ¿Qué demonios estaba sucediendo?

"Te dije que no deberíamos haberlo hecho, mira cómo ha terminado. David terminó pagando por tu estúpido plan." Ahora era el turno de Franco de fruncirle el ceño a Nico.

"Lo sé," respondió éste apretando los dientes. "Esperaba que asumiera que Alex lo había hecho. Mataría dos pájaros de un tiro. Él le daría una lección a éste idiota por ponerle las manos encima a David y podríamos atraparlo aquí mismo. Ni siquiera él es tan bueno como para superarnos a ti y a mi juntos."

De repente un escalofrío me recorrió la espalda.

"Espera," dije, mi voz bastante más baja de lo que pretendía. "No están... No se refieren a..."

"Sí, el mismo," escupió Nico, como si decir su nombre trajera desgracia.

Me sentía como si me hubiesen arrojado un balde de agua fría encima. En seguida dirigí mi mirada a David, que aún mantenía los ojos abiertos y los labios apretados en una fina línea. No podía ser... en ese momento pude sentir cómo el muro que había tardado tantos años en construir se derrumbaba. Un río de emociones diferentes me llenaba el pecho, las memorias volvían en rápidos flashes como pesadillas.

"¿Qué demonios sucedió? ¿Cómo salió? Es imposible..."

"Le acortaron la sentencia por buen comportamiento." Respondió Franco.

"Le pagué a unos tipos para que le dieran una paliza y lo asustaran." Nico hablaba como si estuviese admitiendo una verdad casi imposible de concebir. "Con suerte se alejaría de aquí; sin suerte, te elegiría a ti como el blanco más fácil y Franco y yo podríamos atraparlo. Cuando David escribió que se quedaría donde un amigo, supe enseguida que se refería a ti, maldito patán, después de todo hace ya dos semanas que viene a revolcarse contigo. Pero jamás pensé que sería porque él le había hecho algo a David. El muy infeliz debe haber sabido que yo vigilaba tu departamento, por eso fue a por mi hermano."

Me llevé una mano a la cabeza mientras veía todas las piezas encajar lentamente. Era cierto que David no había mencionado quién lo había atacado. Yo había saltado a conclusiones luego de ver el auto de Nico, que en realidad nos estaba utilizando a su hermano y a mí como carnada. Alcé mi mirada hacia David que se encontraba pálido y parecía a punto de desmayarse.

"¿Lo... lo sabías?" Preguntó a su hermano con los ojos llenos de terror.

"¡Por supuesto que lo sabía! ¡Franco también lo sabía!" Gritó Nico y miré a Franco que se sonrojaba y esquivaba mi mirada. Quise decir algo, pero honestamente no me importaba. Tenía problemas más grandes que solucionar ahora. "Ambos son unos bastardos. Y pensar que Franco quería detenerme para que tú no salieras lastimado, Alex. ¡Tú! ¡Hace un mes que lo sabe y no te lo ha dicho porque así de fuerte es lo que siente por ti! Y tú, cucaracha inmunda, andas de revolcones con mi hermano pequeño. Como desearía que fueras tu el del ojo morado, ojalá te hubiese roto una pierna, ya que estaba de paso."

"Mira que eres uno para hablar," dije mientras el enojo volvía a nacer en mi pecho. "Maldito infeliz, nos utilizaste como carnada por semanas y ahora vienes a hacer el papel de gran salvador. Mira lo que ha resultado de tu grandioso plan." Dije lleno de rabia una vez más y señalando a David.

"Alex..." Franco finalmente había crecido las bolas que le faltaban para mirarme y hasta dirigirme la palabra.

"¡Y tú!" Le espeté. "¿Por qué no me dijiste que lo sabías? ¿Hace un mes que lo sabes y no habías dicho nada? Eres patético, ¿aún sigues esperando que de repente comience a escupir arco iris y unicornios y te diga que nos amemos y tengamos hijos? Solo dime una cosa, ¿cómo te enteraste?"

Las lágrimas recorrían sus mejillas. "Zack me lo dijo en el gimnasio."

Zack. Su nombre solo bastaba para atenazarme el pecho de miedo. El maldito estaba de vuelta. Sentía los escalofríos recorrerme la columna. Sentía la urgente necesidad de correr de vuelta a mi departamento, trabar puertas y ventanas y no salir jamás de allí.

"El sabía... sabía sobre todos nosotros..." La voz de David era apenas audible. "Dijo... dijo que mi ojo era solo una advertencia, pero que ya había comenzado a actuar. Dijo que nos separaría y luego nos eliminaría uno p-por uno..."

Un silencio ominoso cayó sobre todos. Cada uno de nosotros sabía demasiado bien que aquella no era una advertencia vana. Zack cumpliría con su palabra.

"David, vamos a casa," dijo Nico de repente, rompiendo el trance en el que habíamos caído.

"N-no, q-quiero quedarme con Alex. ¿P-por qué habría de confiar en ti? Me engañaste, sabías sobre Alex y yo y aún así utilizaste ese estúpido plan."

"¡Te advertí que no te acercaras a él!"

"¡No te creí!" Respondió David enrojeciéndose. "Pensé que solo lo decías porque no querías que hiciera nada con él por Franco."

"Conocí a éste imbécil hace años," dijo Nico con una calma amenazante señalándome a mí. "Luego de lo que sucedió con Zack, nos separamos. Franco solo conoce mi parte de la historia, al igual que tú. Nunca mencioné la parte de Alex porque juramos no volver a hablar de ello. Nunca creí que volveríamos a encontrarnos hasta que Franco y él se juntaron. Tengo mis propios motivos para desconfiar de él."

Una mirada rápida entre Nico y yo bastó para entendernos: era mi derecho decidir si quería revelar mi parte o no. Él ya había hablado demasiado solo mencionándole a Franco que yo había estado involucrado. No importa cuán furioso estuvierámos el uno con el otro, ninguno de los dos tenía derecho a revelar nada del pasado del otro.

"David, vamos a casa. Estarás más seguro." Repitió Nico dirigiéndose hacia él.

"No, voy a quedarme con Alex," dijo el otro, testarudo.

Pero el mayor no parecía dispuesto a dar el brazo a torcer, de modo que me interpuse entre ambos y le dirigí una mirada que decía: 'si lo tocas, lo vas a lamentar'. Nico dudó en segundo y, con un gruñido de rabia se dio la vuelta para subir al auto. Franco tardó un poco más en seguirlo, aún me miraba con lágrimas en los ojos.

"Yo lo sabía, Alex, sabía que Zack te había hecho algo también. Nico me lo dijo, esperaba que algún día decidieras abrirte a mí. Todo lo que deseaba era estar allí para ti cuando te abrieras y poder cuidar de las heridas que ese infeliz te hizo." Aparté la mirada, quizás en algún lugar de mi mente supiera que debía sentirme mal por él. Tomé a David del brazo y volvimos a mi departamento sin mirar atrás.

Mi pecho era un remolino de emociones, mi mente daba vueltas. Intentaba con todas mis fuerzas apartar los pensamientos y recuerdos que acudían uno tras otro para atormentarme. Necesitaba que dejara de importarme, necesitaba mi muro de vuelta. Tenía que traer al Alex soberbio y desinteresado una vez más.

Entramos al departamento y, sin perder un momento, empujé a David contra la puerta de entrada. Su espalda contra mi pecho mientras tomaba sus muñecas con una mano y alzaba sus brazos por encima de su cabeza, impidiéndole así que se moviera.

"¿Alex...?" Dijo confuso mientras me dedicaba a saborear su cuello, mordiéndolo, succionando, lamiendo. Necesitaba aquello desesperadamente, tenía que olvidar, no podía permitir que sus recuerdos volvieran.

Él soltaba suaves gemidos de placer mientras retorcía su cuerpo contra el mío, mi polla no tardó en estar a punto de explotar. Introduje mis dedos en su boca, obligándolo a que los lubricara mientras besaba sus oídos y sentía su espalda arquearse. Su culo se restregaba contra mi miembro. Su cuerpo parecía estar hecho para el mío.

Quité mis dedos de su boca y bajé su pantalón con brusquedad, devorando su cuello otra vez mientras introducía dos dedos dentro suyo y el se quejaba.

"Alex..."

"Shh," él no solía quejarse, le gustaba cuando lo hacíamos duro. Siempre disfrutaba cuando jugaba rudo con él.

Metí un tercero dedo casi enseguida y él abrió más las piernas para dejarme entrar. Así está mejor, así es como el se comportaba. Obediente, sumiso. Confiaba en mí como yo confiaba en él. Cada uno sabía lo que el otro disfrutaba y hasta dónde podía llegar.

Retiré los dedos de dentro suyo, bajé mi bragueta y saqué mi polla colocándola en su entrada. Me hundí en él rápidamente, sin demasiada ceremonia. El producía sonidos entre gemidos, gruñidos y quejidos; pero yo sabía que lo disfrutaba. Le mordía un hombro juguetón y deslizaba una mano bajo su camiseta para pellizcarle los pezones mientras me retiraba y volvía a hundirme en él, una y otra vez con creciente velocidad.

Gruñidos guturales salían de dentro mío mientras sentía su interior apretando mi polla. No importaba cuántas veces lo penetrara, siempre parecía la primera vez. Era como si su culo se renovara en cada nueva sesión.

Poco a poco me acercaba al máximo de mi placer. Aceleraba el ritmo con impaciencia, queriendo llenarlo de mi para que me regalara esa sonrisa satisfecha que tanto me gustaba. Nos acurrucaríamos en la cama y el dormiría mientras yo lo observaba y sonreía, sintiéndome el hombre más afortunado del mundo. Después de todo, lo amaba con cada fibra de mi ser...

"¡Eric!" Gemí mientras me corría dentro suyo sintiéndome una vez más la persona con más suerte en el universo.

------------------

Finalmente se revela quién es el que está detrás de todo el tumulto. Espero les haya gustado el capítulo y la vuelta de tuerca!

Disculpen la demora en entregarlo, año nuevo y todas esas cosas, jaja.

El próximo capítulo de Sueños Rotos saldrá luego del 8 por cuestiones vacacionales. Y el próximo capítulo del Diario saldrá después del 10.

Saludos y feliz año nuevo!

viernes, 1 de enero de 2016

Sueños Rotos I: Una sonrisa

De pie delante del edificio, Liam se preguntaba qué demonios estaba haciendo allí. Gente de su misma edad entraba y salía. La mayoría iban en pequeños grupos de dos o tres, riendo y comenzando a conocer a quienes serían sus compañeros por el resto del cuatrimestre.

Liam suspiró, tomó su maleta y comenzó su nueva vida.

Le habían asignado la Residencia Pound, cuarto 34. Luego de dar unas cuantas vueltas por el lugar, sintiéndose un idiota, logró dar con la puerta correcta en el tercer piso. Tuvo que obligarse a respirar profundo por un minuto completo antes de tomar la llave de su bolsillo y abrir la puerta.

Apenas entrar, notó que su compañero ya había estado allí. Había cajas desparramadas por toda la habitación. La cama del lado izquierdo estaba cubierta por una pila de ropa a pesar de que habían dos roperos enormes al pie de cada una. Un único escritorio viejo se encontraba justo al lado de la puerta, perfecto para arrojar las llaves luego de entrar. La tosca silla de madera que iba a juego tenía una caja encima que, por lo que Liam pudo ver, también estaba llena de ropa. ¿Acaso se habían equivocado y lo habían colocado con una mujer? ¿Cuánta ropa podría tener un hombre?

Se encogió de hombros y se dirigió a su nueva cama en el rincón derecho de la habitación. Cada cama tenía una mesita de noche a un costado y una ventana sencilla iluminaba la habitación en medio de ambas. Liam arrojó su único bolso con todas sus posesiones sobre el colchón y se dispuso a acomodar la poca ropa que había traído consigo.

Su madre había insistido en comprarle nuevas mudas, pero Liam se había negado. Sabía el enorme sacrificio que ella estaba haciendo al enviarlo a la universidad. Ya se las arreglaría. En caso de emergencia, no creía que su nuevo compañero tuviera algún problema con prestarle alguna prenda en todo caso.

Abrió la maleta, colocó algunas fotografías en su mesita de noche, colocó la laptop en el escritorio y se dispuso a acomodar el resto de cosas en el ropero al pie de su cama. Era bastante grande, tenía tres cajones en la parte de abajo y dos puertas, cada una con un espejo y un perchero dentro.

Cuando terminó de acomodar cada cosa, aún le quedaba un cajón y más de medio perchero libre. Liam suspiró y se miró en uno de los espejos, quizás bajaría a buscar el comedor, el estómago comenzaba a gruñirle.

Se acomodó el cabello castaño, lo llevaba corto y se lo peinaba hacia arriba, siempre lo había usado igual, resaltaba sus grandes ojos celestes y su rostro fino y afilado. Llevaba una camiseta verde con el logo de My Chemical Romance, su banda favorita. La prenda tenía sus años y había empezado a quedarle algo pequeña, pero Liam no había querido desprenderse de ella, había sido un regalo de su padre. Además, se ajustaba a su cuerpo y lo resaltaba, algo difícil ya que, aunque su cuerpo estaba bien trabajado, seguía siendo bastante delgado. Chequeó el bolsillo de sus gastados jeans para asegurarse de que su celular seguía allí y se dispuso a salir.

Iba ensimismado, pensando en quién podría ser su compañero de cuarto. A quién le habría tocado sufrir su compañía. Se sentía miserable. Solo llevaba un par de horas allí y ya extrañaba su vieja habitación. Las relaciones sociales no se le daban demasiado bien. Prefería pasar horas encerrado en su cuarto, leyendo sobre otras personas e imaginando otro tipo de vida.

De repente, Liam sintió como si chocara contra una pared de lleno. Confundido, retrocedió un par de pasos solo para ver que la pared resultó ser una ancha espalda perteneciente a un chico alto y extremadamente atractivo. El chico se dio vuelta y miró a Liam con una sonrisa y un gesto de sorpresa.

Le llevaba casi una cabeza, cabello corto, una mezcla entre dorado y café, sus ojos eran tan verdes que era un milagro que no brillaran. Su rostro estaba bien enmarcado por mandíbulas fuertes y estaba ocupado por una barba de un par de días. La cereza del postre eran unos labios gruesos, carnosos, creados para besar. Era un rostro fuerte, masculino.

"L-lo siento," Liam se golpeó mentalmente por tartamudear.

"¿Podemos hablar luego?" Dijo el otro a una chica menuda, de cabello negro, grandes proporciones y un rostro no muy amigable.

La chica le dirigió una mirada de odio a Liam , como si el chico hubiese planeado chocar contra aquel desconocido a propósito; dio media vuelta y se fue con aires de ofendida.

"Soy Christian, tu debes ser Liam, ¿cierto?" Dijo Christian con una sonrisa, como si nada hubiese pasado y extendiendo una mano.

"S-si," respondió éste estrechando la mano que le extendía y sintiendo toda clase de hormigueos en el cuerpo. Tenía unas manos grandes pero suaves, notó Liam.

"En ese caso puedes llamarme Chris. ¿Ibas al comedor?"

"Si, ¿s-sabes donde está?"

"Claro, yo también voy para allá. Solo venía a cambiarme. Si me das un segundo, te acompaño," dijo Chris y sin esperar una respuesta, se metió a la habitación.

Liam intentó pensar en alguna excusa para entrar también y poder ver lo que se escondía bajo aquella camiseta negra y, con un poco de suerte, lo que había debajo de sus jeans también. Pero su cerebro nadaba en un mar de caramelo y no logró idear nada convincente. Chris salió a los minutos con una camisa a cuadros que dejaba adivinar una figura de infarto y lo escoltó al comedor.

El apetito de Liam había desaparecido de repente. Aún no podía creer que aquel hombre fuera su compañero de cuarto. Tomó una manzana y se dirigió a la mesa. Chris llevaba la bandeja repleta y rió con ganas cuando vio el rostro con el que Liam lo miraba.

"Tengo que alimentarme bien, mi trabajo lo exige," dijo aún riendo y guiñándole un ojo al chico antes de proseguir a interrogarlo a profundidad. "Así que... ¿qué estudias?"

"Filosofía," dijo Liam masticando sin ganas la manzana y prestando atención a cada gesto del monumento que tenía delante. En ese momento fruncía el ceño con aspecto confundido.

"¿Esos tipos locos que pasan sentados en bancas pensando?"

Liam no pudo evitar reír con él.

"Si, más o menos."

"Genial," dijo Chris con una sonrisa deslumbrante. "Yo he entrado a Administración de Empresas."

"Suena bien," dijo Liam intentando imitar su sonrisa.

"No tanto. ¿Vives con tus padres?"

"Mis padres están separados, vivo con mi madre."

"Oh, lo siento."

"No es tan malo en verdad." Mintió Liam.

"¿Qué edad tienes? ¿Roncas? ¿Alguna novia? ¿Tendré que dormir afuera algunas noches?" Aquello último lo dijo con un tono de desesperanza que hizo reír a Liam otra vez.

"Tengo 19, no creo que ronque y no tengo... no estoy en ninguna relación." Liam se sonrojó de repente al darse cuenta que estuvo a punto de decir 'novio'.

Chris era muy, muy apuesto y tenía un aspecto muy masculino. Además era muy simpático, sonreía mucho y realmente no parecía uno de esos chicos que te romperían la cara solo por enterarse de que eras gay; pero sí quizás se inhibiría y querría cambiar de habitación. A Liam le entró pánico solo de pensar en esa posibilidad. Decidió que se contentaría con compartir habitación con él y quizás una amistad.

"¡¿Cuántas veces te dije que me llamaras en cuanto llegaras?! ¡Dime cuántas!" Una voz resonó detrás de Liam y Chris levantó la vista con la sonrisa más grande que había mostrado hasta el momento. Se puso de pie y recibió al dueño de la voz con un eufórico abrazo y unas palmadas en la espalda.

El nuevo desconocido era pelirrojo, tenía el cabello de un color anaranjado tenue. Pecas cubrían el puente de su nariz y sus mejillas. Tenía un rostro amplio, generoso. Unos ojos azules contrastaban con el color de su cabello. Iba vestido con una sudadera gris encima de una camiseta roja que resaltaba aún más su cabello.

Chris y él compartieron algunas palabras amistosas antes de que ambos volvieran a sentarse frente a Liam .

"Liam, éste es Ethan. Ethan, Liam. Mi nuevo compañero de cuarto," Chris los presentó y ambos se estrecharon la mano.

"Lamento mucho por anticipado lo que tendrás que sufrir," dijo Marlon con un brillo divertido en los ojos, como si supiera algo que Liam, no. Seguramente así era. Chris se limitó a reír.

"Ethan aquí, es otro más de los que aspiran a ser un loco sentado en una banca pensando," le dijo Chris.

"¿En serio? ¡Genial! Yo igual," respondió Liam.

"Tu has tenido suerte," dijo Marlon afligido. "Mi compañero es un lunático, tendrían que ver el pedazo de equipo de sonido que se ha instalado en la habitación. Les juro que si es un fanático del heavy metal iré a dormir a vuestra habitación y tendrán que aguantarme roncar. Bueno, Liam tendrá que aguantarme, tú no porque... ¡Uff!" Chris lo interrumpió con un codazo y le frunció el ceño.

"Como sea," Chris siguió hablando como si nada hubiese sucedido, parecía tener un talento natural para ello. "Liam, si quieres, Ethan puede pasar a buscarte mañana, así podrán buscar su salón juntos."

"Sería un placer," dijo Ethan con una sonrisa radiante. ¿Qué sucedía con toda ésta gente? ¿Por qué todos sonreían como si no existiese razón para no hacerlo?

Continuaron haciendo planes y riendo mientras Chris terminaba su comida. Ethan se despidió de ellos y se fue maldiciendo a su compañero de cuarto y con la promesa de buscar a Liam al otro día.


"Es mi mejor amigo de la infancia," explicó Chris mientras ambos volvían a la habitación. "Estoy seguro de que te caerá bien. Es un buen tipo."

"Si, eso parece." Respondió Liam distraído mientras observaba el trasero de su compañero de cuarto mientras subían por las escaleras. "Oye, ¿sabes dónde están las duchas?"

"Creo que las vi al fondo del pasillo."

Liam estaba exhausto, no veía la hora de refrescarse e ir a la cama. Entraron a la habitación y Chris se dedicó a revisar cajas y acomodar ropa de cualquier manera en su ropero. Mientras tanto, Liam buscó su propia muda y se dirigió a las duchas.

El lugar estaba relativamente vacío. Solo había un par de lugares ocupados, de modo que escogió la que mejor le pareció y dejó que el agua caliente le recorriera el cuerpo y lo relajara. Pensó en aquel extraño día. Tenía un compañero de cuarto bastante amistoso y extremadamente apuesto y había conocido a su primer compañero de clases. No había estado tan mal como se había temido.

Terminó de ducharse con una sonrisa, se vistió con un pantalón de pijama y una camiseta vieja y volvió a su habitación. En el camino volvió a cruzarse con Chris, que se dirigía también a las duchas. Las cajas, ahora vacías, se apilaban en su cama que aún estaba sin hacer. Liam tomó su laptop del escritorio compartido y se dirigió a la cama para tontear un rato antes de que el sueño se apoderara de él.

No pasó mucho antes de que la puerta volviera a abrirse y Liam estuviera a punto de morir infartado. Chris entró al cuarto con total naturalidad, desnudo, a excepción de una toalla anudada en su cintura. Tenía unos hombros potentes, seguidos de unos brazos gruesos y bien tonificados. Unos pezones oscuros que le hacían agua la boca a Liam coronaban un par de pectorales fuertes y bien formados. Tres pares de abdominales seguían y terminaban enmarcados por unos oblicuos que parecían indicar el camino a la gloria.

"¿Te molesta si me visto aquí?" Preguntó como si le estuviera pidiendo un bolígrafo.

"N-no, no hay problema," dijo Liam al tiempo que movía la laptop con disimulo para ocultar el bulto creciente en sus pantalones.

Chris se dio vuelta y dejó caer la toalla, obligando a Liam a reprimir un gemido. Tenía un culo espectacular, redondo, firme, unas nalgas que exigían ser mordidas. Se agachó para buscar en el cajón y Liam podría jurar que la laptop saltó junto a su polla. Rogaba en silencio que Chris se diera la vuelta, aunque fuera un segundo. Pero el otro simplemente se puso unos boxers y continuó vistiéndose, ignorante de los efectos enloquecedores que tenía sobre su compañero de cuarto.

Su cuerpo se movía con elegancia, casi como si se deslizara por el espacio, Liam lo había notado desde el primer momento en que lo había visto, cuando había chocado con él más temprano. Sus músculos parecían fluir como una maquinaria perfectamente aceitada. Tuvo que pasarse una mano por los labios para asegurarse de que no estuviera babeando.

Aquella masa de sensualidad terminó finalmente de vestirse, tomó un bolso de gimnasia de su ropero y se dio media vuelta.

"Me voy, no me esperes despierto," dijo guiñándole un ojo a Liam.

"¿Te vas? ¿Ahora? ¿No tienes clase mañana?" Respondió éste sorprendido.

"Tengo clases en la tarde. Ahora tengo... algo que debo hacer. Ya te acostumbrarás. Hasta luego." Salió de la puerta sin más, dejando a Liam sin palabras. ¿Qué sería todo eso?

Liam sentía su paquete duro, la imagen del cuerpo de su compañero aún grabada en su retina. Sin perder el tiempo, entró a la página de la universidad y se dirigió al registro de habitaciones. Introdujo su nombre y buscó el de su compañero. 'Christian Dunbar'. Copió y pegó el nombre en el buscador de Facebook y no tardó en localizar su objetivo.

Se sentía todo un fetichista navegando por las fotos de su compañero de cuarto y mordiéndose el labio cada vez que aparecía sin camiseta, lo cual era bastante frecuente ya que, al parecer, le gustaba dedicarse a la natación. Había muchas fotos de él solo en traje de baño.

No pudo más, cerró la laptop y la dejó a un lado mientras cerraba los ojos y se imaginaba aquel cuerpo sobre él, tocándolo. Se introdujo una mano por debajo de la camiseta y se pellizcó un pezón, soltando un gemido. Christian no estaba y no parecía que fuera a volver temprano tampoco, no tendría que preocuparse demasiado por los sonidos que profería imaginando aquel dios griego encima suyo, acariciándolo, besando su abdomen y pellizcando su otro pezón.

Deslizó la otra mano debajo de sus pantalones y rodeó su polla, dura y húmeda de precum. Comenzó a masajearse lentamente mientras imaginaba a Christian depositando suaves besos en su cuello, mordiendo su lóbulo, acariciando sus muslos.

Aceleraba el ritmo casi inconscientemente mientras recreaba la escena que había visto hacía solo unos minutos. Christian allí, de pie, mirándolo seductivamente con una de sus sonrisas y dejando caer la toalla para que viera su pollón enorme, húmedo y deseoso de una lengua que lo devorara.

"Chris, Chris, ¡Chris!" Gemía Liam mientras se corría sobre su propio abdomen.

Respiraba agitado y se sentía sucio, masturbándose con la imagen de su compañero de habitación. No había podido evitarlo. Era la primera que había estado cerca de alguien tan atractivo y con tan poca ropa, por no decir sin nada. No era virgen, pero Liam tenía muy claro que alguien con la apariencia de Christian estaba muy lejos de su alcance.

Además, no solo era atractivo, sino que también le había hablado, le había sonreído y había sido amable con él. Era hetero, pero eso era solo un detalle, muchos hombre atractivos eran heteros; éste había sido el primero en dirigirle una sonrisa. Liam se sonrojó, abrió la computadora una vez más y le envió una solicitud de amistad...

-------------------------

Bueno, una nueva historia con un par de aclaraciones:

Abrí una nueva historia porque me he dado cuenta que cometí muchos errores cruciales desde el principio con Diario de un Embaucador, así que quise empezar una vez más intentando corregir esos mismos errores. Díganme si lo logré.

Bajo ningún punto de vista voy a dejar de escribir Diario de un Embaucador. Ya estamos muy metidos con la historia de Alex como para dejarla ahora. El Diario va a continuar saliendo con la misma regularidad de siempre (excepto la semana del 3 al 10 porque me voy de vacaciones).

Y por último, los capítulos de ésta historia no saldrán tan seguido como los de Diario puesto que en unos días empiezo la universidad otra vez y no me dará tiempo de actualizar las dos al mismo tiempo. Diario seguirá saliendo con la misma regularidad.

Y eso es todo, comenten y díganme qué piensan de Liam y Christian! Saludos!