Era Nico.
Sentí la sangre comenzar a hervir con la misma rabia que había sentido el día anterior cuando David había aparecido a la puerta de mi departamento con el ojo morado. Me había sentido impotente, furioso y confundido, todo al mismo tiempo. Impotente por no cuidar de mi propiedad, furioso porque alguien se había atrevido a tocar lo que es mío y confundido porque a mi no me importaba nadie más que yo mismo, ¿qué demonios estaba haciendo David conmigo?
Había visto al idiota de su hermano estacionado justo frente al edificio y había estado a punto de dejarle algo más que solo un ojo negro. David me había detenido en aquel momento, me había sostenido la mirada con esos grandes ojos negros de cachorro mojado y no pude obligarme a hacerlo. Pero no volvería a suceder.
Había visto al idiota de su hermano estacionado justo frente al edificio y había estado a punto de dejarle algo más que solo un ojo negro. David me había detenido en aquel momento, me había sostenido la mirada con esos grandes ojos negros de cachorro mojado y no pude obligarme a hacerlo. Pero no volvería a suceder.
Me apresuré a mi habitación y me vestí con lo primero que encontré, Iba de un lado al otro, buscando un pantalón y una camiseta mientras David me miraba consternado. Habría y cerraba la boca, como intentando decir algo, pero sin saber bien qué. Sabía que quería detenerme, pero era demasiado tarde; aún se encontraba desnudo y yo ya estaba saliendo. En realidad, si no hubiese estado poseído por aquella rabia ciega, lo habría tomado allí mismo en el sillón. Se veía tan tentador, con esa mirada indefensa y su cuerpo totalmente destapado.
Tomé las escaleras y bajé saltando dos escalones a la vez. Si hubiese tomado el ascensor, habría terminado golpeando las paredes. La rabia me llenaba de adrenalina, aunque una parte de mi mente se preguntaba si no estaría reaccionando exageradamente ante la situación. Después de todo solo era un ojo morado. Pero era un ojo morado en mi propiedad y nadie, absolutamente nadie, tocaba lo que es mío.
Llegué a la planta baja y vi al cabrón esperando fuera, caminaba de un lado al otro, nervioso como un preso esperando la silla. Sonreí, tenía buenas razones para estar ansioso, cuando terminara con él, no tendría fuerzas ni siquiera para ponerse de pie.
La puerta de vidrio del edificio se encontraba abierta de par en par, caminé decidido hasta donde él se encontraba y lo empujé con ambas manos poniendo toda mi furia en ello, pero solo logré que tambaleara unos pasos. Tenía mi mismo tamaño y yo sabía de hecho que se trabajaba, lo había visto en más de una ocasión haciéndolo en el mismo gimnasio que yo solía atender, probablemente para espiarme, buscando alguna prueba para ratonearme con Franco. Aún después de la promesa... El pensamiento me enfureció aún más.
"¿Cuál es tu maldito problema?" le pregunté mientras volvía a empujarlo. "¿Lo golpeas y ahora vienes a decirme que le quite las manos de encima? ¿Quién te crees que eres?"
"¿De qué demo...?"
No le permití terminar lo que fuera que había estado a punto de decir. Le lancé un golpe directamente al rostro, esperando dejarle el ojo peor que el de David. Fallé por unos centímetros, pude sentir mi puño conectando con su mejilla, dejándole un corte considerable. Volví a lanzar otro golpe antes de que pudiera reaccionar y ponerse en guardia, ésta vez al estómago, dejándolo automáticamente sin aire, doblado sobre si mismo.
"Das asco, ¿eres lo suficiente hombre para golpear a tu hermano menor, pero no lo suficiente para defenderte cuando te golpean a ti?" Escupí a un lado mientras esperaba que se enderezara.
"Yo... yo no lo golpeé." Tenía el rostro contorsionado, la mejilla le sangraba y continuaba abrazándose el estómago, me sorprendía que pudiera hablar, era más resistente de lo que parecía. Con el golpe que le había dado, no debería haber tenido aire ni para respirar.
"¿Qué dices? No te escucho sobre el sonido de tus pantalones mojándose," dije con una sonrisa ladeada. "Eres un maldito cobarde."
Estuve a punto de partirle la cara una vez más, moría de ganar de dejarlo tan magullado que ni siquiera David sería capaz de reconocerlo. Pero en ese momento sentí unos brazos fuertes y familiares enredándose bajo mis brazos, impidiendo que pudiera realizar cualquier otro movimiento.
"¿Franco?" Dije sorprendido por más de una razón. "¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¡Suéltame! ¡¿Qué haces?!"
"Alex, ¡cálmate! ¡Escucha! ¡Nico no golpeó a nadie!" Hablaba con dificultad, luchando contra mis forcejeos.
"¡Este idiota te lavó la cabeza! ¡Suéltame, maldita sea! ¡Voy a hacerlo pedazos!"
Nico ya se estaba recuperando, me miraba con odio mientras se limpiaba la sangre con el dorso de la mano. Le devolví la mirada con la misma fiereza.
"Eres un imbécil," escupió. "Yo jamás golpearía a mi hermano, no soy un monstruo psicópata como tú. Ni siquiera sé de qué golpe estás hablando."
Sentía mi rostro caliente mientras otra ola de rabia me inundaba y me soltaba de los brazos de Franco de un tirón. Avancé hacia Nico dispuesto a reducirlo a un pedazo de gelatina. No sabía qué me enfurecía más, que negara lo que había hecho tan sueltamente o que me irritara tanto que lo hiciera.
"¡Alex!" La voz de David sonó a mi espalda y me detuve instantáneamente, como si me hubieran paralizado.
"¿Qué haces aquí? Vuelve adentro," dije con la mandíbula apretada y el tono más imperioso que pude lograr.
"Alex, escucha, no fue él."
"¿Estás jugando conmigo cierto?" Dije, ésta vez dándome la vuelta para enfrentarlo. Tenía los ojos muy abiertos y podía ver el miedo reflejado en ellos. "Ayer me dijiste..."
"No te dije nada, tú sacaste tus conclusiones." Me quedé helado mientras sentía toda la rabia escapar de mi cuerpo suplantada por confusión.
"Es lo que intentamos decirte, idiota." Nico aún me miraba con el ceño fruncido, la sangre secándose en su rostro.
"Entonces, ¿quién carajos te hizo eso? ¿Por qué no me lo dijiste enseguida?" Me sentía confuso e irritado.
"Yo..."
"Deberías habérmelo dicho. Habríamos podido atraparlo." Nico miraba fijamente a su hermano menor. ¿Qué demonios estaba sucediendo?
"Te dije que no deberíamos haberlo hecho, mira cómo ha terminado. David terminó pagando por tu estúpido plan." Ahora era el turno de Franco de fruncirle el ceño a Nico.
"Lo sé," respondió éste apretando los dientes. "Esperaba que asumiera que Alex lo había hecho. Mataría dos pájaros de un tiro. Él le daría una lección a éste idiota por ponerle las manos encima a David y podríamos atraparlo aquí mismo. Ni siquiera él es tan bueno como para superarnos a ti y a mi juntos."
De repente un escalofrío me recorrió la espalda.
"Espera," dije, mi voz bastante más baja de lo que pretendía. "No están... No se refieren a..."
"Sí, el mismo," escupió Nico, como si decir su nombre trajera desgracia.
Me sentía como si me hubiesen arrojado un balde de agua fría encima. En seguida dirigí mi mirada a David, que aún mantenía los ojos abiertos y los labios apretados en una fina línea. No podía ser... en ese momento pude sentir cómo el muro que había tardado tantos años en construir se derrumbaba. Un río de emociones diferentes me llenaba el pecho, las memorias volvían en rápidos flashes como pesadillas.
"¿Qué demonios sucedió? ¿Cómo salió? Es imposible..."
"Le acortaron la sentencia por buen comportamiento." Respondió Franco.
"Le pagué a unos tipos para que le dieran una paliza y lo asustaran." Nico hablaba como si estuviese admitiendo una verdad casi imposible de concebir. "Con suerte se alejaría de aquí; sin suerte, te elegiría a ti como el blanco más fácil y Franco y yo podríamos atraparlo. Cuando David escribió que se quedaría donde un amigo, supe enseguida que se refería a ti, maldito patán, después de todo hace ya dos semanas que viene a revolcarse contigo. Pero jamás pensé que sería porque él le había hecho algo a David. El muy infeliz debe haber sabido que yo vigilaba tu departamento, por eso fue a por mi hermano."
Me llevé una mano a la cabeza mientras veía todas las piezas encajar lentamente. Era cierto que David no había mencionado quién lo había atacado. Yo había saltado a conclusiones luego de ver el auto de Nico, que en realidad nos estaba utilizando a su hermano y a mí como carnada. Alcé mi mirada hacia David que se encontraba pálido y parecía a punto de desmayarse.
"¿Lo... lo sabías?" Preguntó a su hermano con los ojos llenos de terror.
"¡Por supuesto que lo sabía! ¡Franco también lo sabía!" Gritó Nico y miré a Franco que se sonrojaba y esquivaba mi mirada. Quise decir algo, pero honestamente no me importaba. Tenía problemas más grandes que solucionar ahora. "Ambos son unos bastardos. Y pensar que Franco quería detenerme para que tú no salieras lastimado, Alex. ¡Tú! ¡Hace un mes que lo sabe y no te lo ha dicho porque así de fuerte es lo que siente por ti! Y tú, cucaracha inmunda, andas de revolcones con mi hermano pequeño. Como desearía que fueras tu el del ojo morado, ojalá te hubiese roto una pierna, ya que estaba de paso."
"Mira que eres uno para hablar," dije mientras el enojo volvía a nacer en mi pecho. "Maldito infeliz, nos utilizaste como carnada por semanas y ahora vienes a hacer el papel de gran salvador. Mira lo que ha resultado de tu grandioso plan." Dije lleno de rabia una vez más y señalando a David.
"Alex..." Franco finalmente había crecido las bolas que le faltaban para mirarme y hasta dirigirme la palabra.
"¡Y tú!" Le espeté. "¿Por qué no me dijiste que lo sabías? ¿Hace un mes que lo sabes y no habías dicho nada? Eres patético, ¿aún sigues esperando que de repente comience a escupir arco iris y unicornios y te diga que nos amemos y tengamos hijos? Solo dime una cosa, ¿cómo te enteraste?"
Las lágrimas recorrían sus mejillas. "Zack me lo dijo en el gimnasio."
Zack. Su nombre solo bastaba para atenazarme el pecho de miedo. El maldito estaba de vuelta. Sentía los escalofríos recorrerme la columna. Sentía la urgente necesidad de correr de vuelta a mi departamento, trabar puertas y ventanas y no salir jamás de allí.
"El sabía... sabía sobre todos nosotros..." La voz de David era apenas audible. "Dijo... dijo que mi ojo era solo una advertencia, pero que ya había comenzado a actuar. Dijo que nos separaría y luego nos eliminaría uno p-por uno..."
Un silencio ominoso cayó sobre todos. Cada uno de nosotros sabía demasiado bien que aquella no era una advertencia vana. Zack cumpliría con su palabra.
"David, vamos a casa," dijo Nico de repente, rompiendo el trance en el que habíamos caído.
"N-no, q-quiero quedarme con Alex. ¿P-por qué habría de confiar en ti? Me engañaste, sabías sobre Alex y yo y aún así utilizaste ese estúpido plan."
"¡Te advertí que no te acercaras a él!"
"¡No te creí!" Respondió David enrojeciéndose. "Pensé que solo lo decías porque no querías que hiciera nada con él por Franco."
"Conocí a éste imbécil hace años," dijo Nico con una calma amenazante señalándome a mí. "Luego de lo que sucedió con Zack, nos separamos. Franco solo conoce mi parte de la historia, al igual que tú. Nunca mencioné la parte de Alex porque juramos no volver a hablar de ello. Nunca creí que volveríamos a encontrarnos hasta que Franco y él se juntaron. Tengo mis propios motivos para desconfiar de él."
Una mirada rápida entre Nico y yo bastó para entendernos: era mi derecho decidir si quería revelar mi parte o no. Él ya había hablado demasiado solo mencionándole a Franco que yo había estado involucrado. No importa cuán furioso estuvierámos el uno con el otro, ninguno de los dos tenía derecho a revelar nada del pasado del otro.
"David, vamos a casa. Estarás más seguro." Repitió Nico dirigiéndose hacia él.
"No, voy a quedarme con Alex," dijo el otro, testarudo.
Pero el mayor no parecía dispuesto a dar el brazo a torcer, de modo que me interpuse entre ambos y le dirigí una mirada que decía: 'si lo tocas, lo vas a lamentar'. Nico dudó en segundo y, con un gruñido de rabia se dio la vuelta para subir al auto. Franco tardó un poco más en seguirlo, aún me miraba con lágrimas en los ojos.
"Yo lo sabía, Alex, sabía que Zack te había hecho algo también. Nico me lo dijo, esperaba que algún día decidieras abrirte a mí. Todo lo que deseaba era estar allí para ti cuando te abrieras y poder cuidar de las heridas que ese infeliz te hizo." Aparté la mirada, quizás en algún lugar de mi mente supiera que debía sentirme mal por él. Tomé a David del brazo y volvimos a mi departamento sin mirar atrás.
Mi pecho era un remolino de emociones, mi mente daba vueltas. Intentaba con todas mis fuerzas apartar los pensamientos y recuerdos que acudían uno tras otro para atormentarme. Necesitaba que dejara de importarme, necesitaba mi muro de vuelta. Tenía que traer al Alex soberbio y desinteresado una vez más.
Entramos al departamento y, sin perder un momento, empujé a David contra la puerta de entrada. Su espalda contra mi pecho mientras tomaba sus muñecas con una mano y alzaba sus brazos por encima de su cabeza, impidiéndole así que se moviera.
"¿Alex...?" Dijo confuso mientras me dedicaba a saborear su cuello, mordiéndolo, succionando, lamiendo. Necesitaba aquello desesperadamente, tenía que olvidar, no podía permitir que sus recuerdos volvieran.
Él soltaba suaves gemidos de placer mientras retorcía su cuerpo contra el mío, mi polla no tardó en estar a punto de explotar. Introduje mis dedos en su boca, obligándolo a que los lubricara mientras besaba sus oídos y sentía su espalda arquearse. Su culo se restregaba contra mi miembro. Su cuerpo parecía estar hecho para el mío.
Quité mis dedos de su boca y bajé su pantalón con brusquedad, devorando su cuello otra vez mientras introducía dos dedos dentro suyo y el se quejaba.
"Alex..."
"Shh," él no solía quejarse, le gustaba cuando lo hacíamos duro. Siempre disfrutaba cuando jugaba rudo con él.
Metí un tercero dedo casi enseguida y él abrió más las piernas para dejarme entrar. Así está mejor, así es como el se comportaba. Obediente, sumiso. Confiaba en mí como yo confiaba en él. Cada uno sabía lo que el otro disfrutaba y hasta dónde podía llegar.
Retiré los dedos de dentro suyo, bajé mi bragueta y saqué mi polla colocándola en su entrada. Me hundí en él rápidamente, sin demasiada ceremonia. El producía sonidos entre gemidos, gruñidos y quejidos; pero yo sabía que lo disfrutaba. Le mordía un hombro juguetón y deslizaba una mano bajo su camiseta para pellizcarle los pezones mientras me retiraba y volvía a hundirme en él, una y otra vez con creciente velocidad.
Gruñidos guturales salían de dentro mío mientras sentía su interior apretando mi polla. No importaba cuántas veces lo penetrara, siempre parecía la primera vez. Era como si su culo se renovara en cada nueva sesión.
Poco a poco me acercaba al máximo de mi placer. Aceleraba el ritmo con impaciencia, queriendo llenarlo de mi para que me regalara esa sonrisa satisfecha que tanto me gustaba. Nos acurrucaríamos en la cama y el dormiría mientras yo lo observaba y sonreía, sintiéndome el hombre más afortunado del mundo. Después de todo, lo amaba con cada fibra de mi ser...
"¡Eric!" Gemí mientras me corría dentro suyo sintiéndome una vez más la persona con más suerte en el universo.
------------------
Finalmente se revela quién es el que está detrás de todo el tumulto. Espero les haya gustado el capítulo y la vuelta de tuerca!
Disculpen la demora en entregarlo, año nuevo y todas esas cosas, jaja.
El próximo capítulo de Sueños Rotos saldrá luego del 8 por cuestiones vacacionales. Y el próximo capítulo del Diario saldrá después del 10.
Saludos y feliz año nuevo!
Tomé las escaleras y bajé saltando dos escalones a la vez. Si hubiese tomado el ascensor, habría terminado golpeando las paredes. La rabia me llenaba de adrenalina, aunque una parte de mi mente se preguntaba si no estaría reaccionando exageradamente ante la situación. Después de todo solo era un ojo morado. Pero era un ojo morado en mi propiedad y nadie, absolutamente nadie, tocaba lo que es mío.
Llegué a la planta baja y vi al cabrón esperando fuera, caminaba de un lado al otro, nervioso como un preso esperando la silla. Sonreí, tenía buenas razones para estar ansioso, cuando terminara con él, no tendría fuerzas ni siquiera para ponerse de pie.
La puerta de vidrio del edificio se encontraba abierta de par en par, caminé decidido hasta donde él se encontraba y lo empujé con ambas manos poniendo toda mi furia en ello, pero solo logré que tambaleara unos pasos. Tenía mi mismo tamaño y yo sabía de hecho que se trabajaba, lo había visto en más de una ocasión haciéndolo en el mismo gimnasio que yo solía atender, probablemente para espiarme, buscando alguna prueba para ratonearme con Franco. Aún después de la promesa... El pensamiento me enfureció aún más.
"¿Cuál es tu maldito problema?" le pregunté mientras volvía a empujarlo. "¿Lo golpeas y ahora vienes a decirme que le quite las manos de encima? ¿Quién te crees que eres?"
"¿De qué demo...?"
No le permití terminar lo que fuera que había estado a punto de decir. Le lancé un golpe directamente al rostro, esperando dejarle el ojo peor que el de David. Fallé por unos centímetros, pude sentir mi puño conectando con su mejilla, dejándole un corte considerable. Volví a lanzar otro golpe antes de que pudiera reaccionar y ponerse en guardia, ésta vez al estómago, dejándolo automáticamente sin aire, doblado sobre si mismo.
"Das asco, ¿eres lo suficiente hombre para golpear a tu hermano menor, pero no lo suficiente para defenderte cuando te golpean a ti?" Escupí a un lado mientras esperaba que se enderezara.
"Yo... yo no lo golpeé." Tenía el rostro contorsionado, la mejilla le sangraba y continuaba abrazándose el estómago, me sorprendía que pudiera hablar, era más resistente de lo que parecía. Con el golpe que le había dado, no debería haber tenido aire ni para respirar.
"¿Qué dices? No te escucho sobre el sonido de tus pantalones mojándose," dije con una sonrisa ladeada. "Eres un maldito cobarde."
Estuve a punto de partirle la cara una vez más, moría de ganar de dejarlo tan magullado que ni siquiera David sería capaz de reconocerlo. Pero en ese momento sentí unos brazos fuertes y familiares enredándose bajo mis brazos, impidiendo que pudiera realizar cualquier otro movimiento.
"¿Franco?" Dije sorprendido por más de una razón. "¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¡Suéltame! ¡¿Qué haces?!"
"Alex, ¡cálmate! ¡Escucha! ¡Nico no golpeó a nadie!" Hablaba con dificultad, luchando contra mis forcejeos.
"¡Este idiota te lavó la cabeza! ¡Suéltame, maldita sea! ¡Voy a hacerlo pedazos!"
Nico ya se estaba recuperando, me miraba con odio mientras se limpiaba la sangre con el dorso de la mano. Le devolví la mirada con la misma fiereza.
"Eres un imbécil," escupió. "Yo jamás golpearía a mi hermano, no soy un monstruo psicópata como tú. Ni siquiera sé de qué golpe estás hablando."
Sentía mi rostro caliente mientras otra ola de rabia me inundaba y me soltaba de los brazos de Franco de un tirón. Avancé hacia Nico dispuesto a reducirlo a un pedazo de gelatina. No sabía qué me enfurecía más, que negara lo que había hecho tan sueltamente o que me irritara tanto que lo hiciera.
"¡Alex!" La voz de David sonó a mi espalda y me detuve instantáneamente, como si me hubieran paralizado.
"¿Qué haces aquí? Vuelve adentro," dije con la mandíbula apretada y el tono más imperioso que pude lograr.
"Alex, escucha, no fue él."
"¿Estás jugando conmigo cierto?" Dije, ésta vez dándome la vuelta para enfrentarlo. Tenía los ojos muy abiertos y podía ver el miedo reflejado en ellos. "Ayer me dijiste..."
"No te dije nada, tú sacaste tus conclusiones." Me quedé helado mientras sentía toda la rabia escapar de mi cuerpo suplantada por confusión.
"Es lo que intentamos decirte, idiota." Nico aún me miraba con el ceño fruncido, la sangre secándose en su rostro.
"Entonces, ¿quién carajos te hizo eso? ¿Por qué no me lo dijiste enseguida?" Me sentía confuso e irritado.
"Yo..."
"Deberías habérmelo dicho. Habríamos podido atraparlo." Nico miraba fijamente a su hermano menor. ¿Qué demonios estaba sucediendo?
"Te dije que no deberíamos haberlo hecho, mira cómo ha terminado. David terminó pagando por tu estúpido plan." Ahora era el turno de Franco de fruncirle el ceño a Nico.
"Lo sé," respondió éste apretando los dientes. "Esperaba que asumiera que Alex lo había hecho. Mataría dos pájaros de un tiro. Él le daría una lección a éste idiota por ponerle las manos encima a David y podríamos atraparlo aquí mismo. Ni siquiera él es tan bueno como para superarnos a ti y a mi juntos."
De repente un escalofrío me recorrió la espalda.
"Espera," dije, mi voz bastante más baja de lo que pretendía. "No están... No se refieren a..."
"Sí, el mismo," escupió Nico, como si decir su nombre trajera desgracia.
Me sentía como si me hubiesen arrojado un balde de agua fría encima. En seguida dirigí mi mirada a David, que aún mantenía los ojos abiertos y los labios apretados en una fina línea. No podía ser... en ese momento pude sentir cómo el muro que había tardado tantos años en construir se derrumbaba. Un río de emociones diferentes me llenaba el pecho, las memorias volvían en rápidos flashes como pesadillas.
"¿Qué demonios sucedió? ¿Cómo salió? Es imposible..."
"Le acortaron la sentencia por buen comportamiento." Respondió Franco.
"Le pagué a unos tipos para que le dieran una paliza y lo asustaran." Nico hablaba como si estuviese admitiendo una verdad casi imposible de concebir. "Con suerte se alejaría de aquí; sin suerte, te elegiría a ti como el blanco más fácil y Franco y yo podríamos atraparlo. Cuando David escribió que se quedaría donde un amigo, supe enseguida que se refería a ti, maldito patán, después de todo hace ya dos semanas que viene a revolcarse contigo. Pero jamás pensé que sería porque él le había hecho algo a David. El muy infeliz debe haber sabido que yo vigilaba tu departamento, por eso fue a por mi hermano."
Me llevé una mano a la cabeza mientras veía todas las piezas encajar lentamente. Era cierto que David no había mencionado quién lo había atacado. Yo había saltado a conclusiones luego de ver el auto de Nico, que en realidad nos estaba utilizando a su hermano y a mí como carnada. Alcé mi mirada hacia David que se encontraba pálido y parecía a punto de desmayarse.
"¿Lo... lo sabías?" Preguntó a su hermano con los ojos llenos de terror.
"¡Por supuesto que lo sabía! ¡Franco también lo sabía!" Gritó Nico y miré a Franco que se sonrojaba y esquivaba mi mirada. Quise decir algo, pero honestamente no me importaba. Tenía problemas más grandes que solucionar ahora. "Ambos son unos bastardos. Y pensar que Franco quería detenerme para que tú no salieras lastimado, Alex. ¡Tú! ¡Hace un mes que lo sabe y no te lo ha dicho porque así de fuerte es lo que siente por ti! Y tú, cucaracha inmunda, andas de revolcones con mi hermano pequeño. Como desearía que fueras tu el del ojo morado, ojalá te hubiese roto una pierna, ya que estaba de paso."
"Mira que eres uno para hablar," dije mientras el enojo volvía a nacer en mi pecho. "Maldito infeliz, nos utilizaste como carnada por semanas y ahora vienes a hacer el papel de gran salvador. Mira lo que ha resultado de tu grandioso plan." Dije lleno de rabia una vez más y señalando a David.
"Alex..." Franco finalmente había crecido las bolas que le faltaban para mirarme y hasta dirigirme la palabra.
"¡Y tú!" Le espeté. "¿Por qué no me dijiste que lo sabías? ¿Hace un mes que lo sabes y no habías dicho nada? Eres patético, ¿aún sigues esperando que de repente comience a escupir arco iris y unicornios y te diga que nos amemos y tengamos hijos? Solo dime una cosa, ¿cómo te enteraste?"
Las lágrimas recorrían sus mejillas. "Zack me lo dijo en el gimnasio."
Zack. Su nombre solo bastaba para atenazarme el pecho de miedo. El maldito estaba de vuelta. Sentía los escalofríos recorrerme la columna. Sentía la urgente necesidad de correr de vuelta a mi departamento, trabar puertas y ventanas y no salir jamás de allí.
"El sabía... sabía sobre todos nosotros..." La voz de David era apenas audible. "Dijo... dijo que mi ojo era solo una advertencia, pero que ya había comenzado a actuar. Dijo que nos separaría y luego nos eliminaría uno p-por uno..."
Un silencio ominoso cayó sobre todos. Cada uno de nosotros sabía demasiado bien que aquella no era una advertencia vana. Zack cumpliría con su palabra.
"David, vamos a casa," dijo Nico de repente, rompiendo el trance en el que habíamos caído.
"N-no, q-quiero quedarme con Alex. ¿P-por qué habría de confiar en ti? Me engañaste, sabías sobre Alex y yo y aún así utilizaste ese estúpido plan."
"¡Te advertí que no te acercaras a él!"
"¡No te creí!" Respondió David enrojeciéndose. "Pensé que solo lo decías porque no querías que hiciera nada con él por Franco."
"Conocí a éste imbécil hace años," dijo Nico con una calma amenazante señalándome a mí. "Luego de lo que sucedió con Zack, nos separamos. Franco solo conoce mi parte de la historia, al igual que tú. Nunca mencioné la parte de Alex porque juramos no volver a hablar de ello. Nunca creí que volveríamos a encontrarnos hasta que Franco y él se juntaron. Tengo mis propios motivos para desconfiar de él."
Una mirada rápida entre Nico y yo bastó para entendernos: era mi derecho decidir si quería revelar mi parte o no. Él ya había hablado demasiado solo mencionándole a Franco que yo había estado involucrado. No importa cuán furioso estuvierámos el uno con el otro, ninguno de los dos tenía derecho a revelar nada del pasado del otro.
"David, vamos a casa. Estarás más seguro." Repitió Nico dirigiéndose hacia él.
"No, voy a quedarme con Alex," dijo el otro, testarudo.
Pero el mayor no parecía dispuesto a dar el brazo a torcer, de modo que me interpuse entre ambos y le dirigí una mirada que decía: 'si lo tocas, lo vas a lamentar'. Nico dudó en segundo y, con un gruñido de rabia se dio la vuelta para subir al auto. Franco tardó un poco más en seguirlo, aún me miraba con lágrimas en los ojos.
"Yo lo sabía, Alex, sabía que Zack te había hecho algo también. Nico me lo dijo, esperaba que algún día decidieras abrirte a mí. Todo lo que deseaba era estar allí para ti cuando te abrieras y poder cuidar de las heridas que ese infeliz te hizo." Aparté la mirada, quizás en algún lugar de mi mente supiera que debía sentirme mal por él. Tomé a David del brazo y volvimos a mi departamento sin mirar atrás.
Mi pecho era un remolino de emociones, mi mente daba vueltas. Intentaba con todas mis fuerzas apartar los pensamientos y recuerdos que acudían uno tras otro para atormentarme. Necesitaba que dejara de importarme, necesitaba mi muro de vuelta. Tenía que traer al Alex soberbio y desinteresado una vez más.
Entramos al departamento y, sin perder un momento, empujé a David contra la puerta de entrada. Su espalda contra mi pecho mientras tomaba sus muñecas con una mano y alzaba sus brazos por encima de su cabeza, impidiéndole así que se moviera.
"¿Alex...?" Dijo confuso mientras me dedicaba a saborear su cuello, mordiéndolo, succionando, lamiendo. Necesitaba aquello desesperadamente, tenía que olvidar, no podía permitir que sus recuerdos volvieran.
Él soltaba suaves gemidos de placer mientras retorcía su cuerpo contra el mío, mi polla no tardó en estar a punto de explotar. Introduje mis dedos en su boca, obligándolo a que los lubricara mientras besaba sus oídos y sentía su espalda arquearse. Su culo se restregaba contra mi miembro. Su cuerpo parecía estar hecho para el mío.
Quité mis dedos de su boca y bajé su pantalón con brusquedad, devorando su cuello otra vez mientras introducía dos dedos dentro suyo y el se quejaba.
"Alex..."
"Shh," él no solía quejarse, le gustaba cuando lo hacíamos duro. Siempre disfrutaba cuando jugaba rudo con él.
Metí un tercero dedo casi enseguida y él abrió más las piernas para dejarme entrar. Así está mejor, así es como el se comportaba. Obediente, sumiso. Confiaba en mí como yo confiaba en él. Cada uno sabía lo que el otro disfrutaba y hasta dónde podía llegar.
Retiré los dedos de dentro suyo, bajé mi bragueta y saqué mi polla colocándola en su entrada. Me hundí en él rápidamente, sin demasiada ceremonia. El producía sonidos entre gemidos, gruñidos y quejidos; pero yo sabía que lo disfrutaba. Le mordía un hombro juguetón y deslizaba una mano bajo su camiseta para pellizcarle los pezones mientras me retiraba y volvía a hundirme en él, una y otra vez con creciente velocidad.
Gruñidos guturales salían de dentro mío mientras sentía su interior apretando mi polla. No importaba cuántas veces lo penetrara, siempre parecía la primera vez. Era como si su culo se renovara en cada nueva sesión.
Poco a poco me acercaba al máximo de mi placer. Aceleraba el ritmo con impaciencia, queriendo llenarlo de mi para que me regalara esa sonrisa satisfecha que tanto me gustaba. Nos acurrucaríamos en la cama y el dormiría mientras yo lo observaba y sonreía, sintiéndome el hombre más afortunado del mundo. Después de todo, lo amaba con cada fibra de mi ser...
"¡Eric!" Gemí mientras me corría dentro suyo sintiéndome una vez más la persona con más suerte en el universo.
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Finalmente se revela quién es el que está detrás de todo el tumulto. Espero les haya gustado el capítulo y la vuelta de tuerca!
Disculpen la demora en entregarlo, año nuevo y todas esas cosas, jaja.
El próximo capítulo de Sueños Rotos saldrá luego del 8 por cuestiones vacacionales. Y el próximo capítulo del Diario saldrá después del 10.
Saludos y feliz año nuevo!
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